Uno de los libros que he leído en los primeros días de 2026 es: En la naturaleza las cosas crecen, de Yiyun Liu, publicado por la editorial Chai Editora y traducido por Virginia Higa.
Descubrí a esta escritora chinoamericana en 2024, cuando Chai Editora publicó una joya para bibliófilos y lectores empedernidos titulada: Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida, en la que habla de los autores que la han acompañado en sus lecturas a lo largo de su vida, cómo los descubrió y los efectos que causaron en ella. Curiosidades y preguntas que Yiyun Li se hace como escritora y como lectora, que le llevan a afirmar que la única certeza es «que la literatura puede ser un consuelo en medio del dolor y el sufrimiento».
Al hilo de esta reflexión quiero hablarte del libro que acabo de leer que, a pesar de tratar un tema de dureza extrema, como es el suicidio de sus dos únicos hijos de 16 y 19 años, es de una gran belleza.
¿Cómo enfrentarse a estas pérdidas? ¿Cómo soportarlo? ¿Cómo no derrumbarse? No hay respuestas a estas preguntas en estas terribles circunstancias, pero si honestas reflexiones sobre la vida y la muerte y sobre cómo seguir adelante.
Me impresionó leer en el periódico La Vanguardia la entrevista que le hizo la periodista Begoña Gómez Urzaiz, hace unos días, cuyo titular era: «¿Soy la peor madre del mundo, no?». Imposible no pensar en que, además de sufrir esa gran pérdida, también debe verse cuestionada como madre cuyos desvelos por mantener vivos y a salvo a sus hijos, durante años, no han servido para evitar la tragedia.
Por más que quiera empatizar con su dolor me parece imposible, debe ser inconmensurable. Pero he entendido que solo pudo sostenerse y seguir adelante gracias a la aceptación radical.
«La gente no querrá leer un libro sobre aceptación radical», le dice su amiga Elizabeth. A lo que ella responde «‘Entonces, queridos lectores, si una madre que usa las palabras «murió» o «muerte» ofende vuestra sensibilidad, si creéis que «amor» es la palabra mágica que lo arreglará todo…, si creéis que el suicidio es un tema demasiado deprimente…, y si preferís que la aceptación radical siga siendo un concepto extraño para vosotros, entonces este es un buen momento para dejar de leer». Yo seguí leyendo y entendí que, a veces, no queda más remedio que aprender a vivir en el «abismo».
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María Fernández
